La eclosión del Vampirismo 

La leyenda de los vampiros había ido desapareciendo de Europa, cuando en el siglo XVII el abad Don Agustín Calmet, un erudito en arqueología y teología, a la vez que en los temas bíblicos publicó un librito titulado “Vampiros de Hungría y los alrededores”. Como se cuidó de incluir testimonios médicos sobre el desenterramiento de infinidad de cadáveres incorruptos en los países que formaban la región de Transilvania, creyó estar ante unos evidentes casos de vampiros:
Durante el presente siglo, un nuevo panorama se ofrece ante nuestros ojos en Hungría, Moravia, Silesia y Polonia. Es un fenómeno que viene produciéndose desde hace unos sesenta años. Cuentan las gentes, que han visto a muertos, que llevaban varios meses enterrados, volver, hablar, caminar e infestar pueblos enteros, maltratando a los hombres y animales, chupando la sangre de los inocentes, a los que enferman y, por último, los llevan a la muerte. De esta desgracia nadie se salva, porque es imposible evitar las visitas de tales enemigos. El remedio parece ser desenterrar a estos muertos, cortarles la cabeza, arrancarles el corazón o quemarles. Se confiere a estos resucitados el nombre de upiros o vampiros, que es como tacharlos de sanguijuelas. De ellos se describen tantas particularidades, todas ellas detalladas y revestidas de hechos tan evidentes, y de informaciones jurídicas, que uno debe creer a los habitantes de estos países cuando afirman que los resucitados salen de sus tumbas para causar tanto daño…
Ciertos sectores de la Iglesia, unidos a unos editores avispados, convirtieron la obra de Calmet en una “lectura obligada” dentro de toda Europa. Se diría que contaban con el antídoto para frenar el avance tan espectacular del protestantismo. Así resurgió el mito de los vampiros con una fuerza inusitada.
Voltaire llegó a escribir: “… No se oye hablar más que de vampiros entre 1730 y 1735; se les descubre en todas partes, se les tiende emboscadas, se les arranca el corazón, se les quema…”. Pero el gran pensador francés llegó a más, al considerar que se estaban dando muerte a centenares de incautos, cuando los verdaderos “vampiros” eran los poderosos que “chupaban la sangre de los más débiles” o los “religiosos que abusan de la ignorancia del pueblo”.
Actualmente se ha podido comprobar que ciertas capas arcillosas, lo mismo que otras clases de tierras, son capaces de mantener una temperatura cercana a los Oº C, con lo que impiden que se corrompan los cadáveres … ¿Cuántos muertos han sido considerados, al ser desenterrados, santos … o vampiros por el simple hecho de que sus cuerpos se mantuvieran intactos?. Todo se basaba en que el cementerio se encontrara en una región católica o en otra pagana.
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